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Biodiversidad

La Queñoa: Árbol de las Alturas Plantado por la Comunidad Quechua de Ollagüe a Más de 4.000 Metros

La Queñoa: El Árbol Más Alto del Mundo en Términos de Altitud

En los paisajes aparentemente yermos del altiplano andino, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, crece un árbol extraordinario: la queñoa (Polylepis tarapacana), considerada la especie arbórea que alcanza mayor altitud de forma natural en todo el planeta. Su existencia en las faldas de los volcanes del norte de Chile, Bolivia y Argentina desafía los límites convencionales de lo que consideramos posible para la vida vegetal, y su conservación es hoy una causa compartida entre científicos, comunidades indígenas y gobiernos de los tres países.

El género Polylepis comprende aproximadamente 28 especies distribuidas a lo largo de los Andes tropicales y subtropicales, pero es tarapacana la que se lleva el récord de altitud: se han documentado individuos en la ladera sur del volcán Sajama, en Bolivia, a 5.200 metros sobre el nivel del mar. En Chile, la queñoa forma bosquetes densos entre los 4.000 y 4.800 metros, principalmente en la Región de Arica y Parinacota y en partes de la Región de Tarapacá.

Adaptaciones Biológicas para Sobrevivir en las Alturas

La supervivencia de la queñoa en condiciones tan extremas es posible gracias a una serie de adaptaciones evolutivas únicas. Su corteza multicapa —de ahí el nombre del género, que en griego significa “muchas capas”— actúa como aislante térmico contra las heladas nocturnas que pueden descender hasta -20°C. Las hojas pequeñas y coriáceas reducen la pérdida de agua por transpiración, compensando la baja disponibilidad hídrica del suelo rocoso altiplánico. El crecimiento lento, de apenas pocos milímetros por año en algunos individuos, permite maximizar la eficiencia en el uso de los escasos nutrientes disponibles.

La forma arbustiva y achaparrada que adopta la queñoa en los sitios más expuestos al viento es también una respuesta adaptativa: mantenerse cerca del suelo reduce la exposición a los vientos helados y aprovecha la capa límite de aire más cálido que se forma junto a la superficie rocosa. En sitios más protegidos, sin embargo, la queñoa puede alcanzar hasta 8 metros de altura, formando bosques densos y oscuros que contrastan dramáticamente con el paisaje desnudo que los rodea.

La Comunidad Quechua de Ollagüe y la Reforestación con Queñoa

Ollagüe es una pequeña localidad del norte de Chile, ubicada en la Región de Antofagasta a más de 3.600 metros de altitud, cerca de la frontera con Bolivia. Con una población de apenas algunas decenas de habitantes, en su mayoría pertenecientes a la comunidad quechua del mismo nombre, Ollagüe es uno de los lugares más aislados y áridos del país. Sin embargo, desde hace años, esta comunidad protagoniza un proyecto de reforestación con queñoa que ha capturado la atención de ecólogos y activistas ambientales de todo el continente.

El proyecto, que cuenta con apoyo del Gobierno Regional de Antofagasta, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y organizaciones de cooperación internacional, busca restaurar los bosques de queñoa que cubrían estas laderas volcánicas antes de ser eliminados por siglos de pastoreo intensivo y extracción de leña. Los miembros de la comunidad quechua son los protagonistas del proceso: recolectan semillas de los escasos individuos adultos sobrevivientes, las germinan en un pequeño vivero comunitario y luego plantan las plántulas en sitios seleccionados cuidadosamente según criterios ecológicos y de acceso al agua.

Importancia Ecológica de los Bosques de Queñoa

Los bosquetes de queñoa son mucho más que árboles en un paisaje desértico. Son islas de biodiversidad que albergan especies de fauna que dependen exclusivamente de ellos: el pájaro carpintero andino, varias especies de colibríes que usan sus flores como fuente de néctar, pequeños mamíferos como vizcachas que se refugian entre sus raíces, e invertebrados que solo existen en este microhábitat.

Desde el punto de vista hidrológico, los bosques de queñoa cumplen un rol fundamental en la captación de humedad atmosférica: sus ramas y hojas condensan la niebla y el agua de los vientos húmedos del este, liberándola lentamente al suelo y recargando los acuíferos que alimentan las quebradas y bofedales (humedales altoandinos) en los que pastorean las llamas y alpacas de las comunidades. La pérdida de queñoa, por tanto, tiene efectos en cascada sobre la disponibilidad de agua para las comunidades andinas.

El Significado Cultural de la Queñoa para los Pueblos Andinos

Para las comunidades quechuas y aymaras del norte de Chile, la queñoa no es solo un árbol: es un ser viviente con significado espiritual y cultural profundo. La madera de queñoa, dura y resistente, fue utilizada históricamente para la construcción de viviendas, herramientas agrícolas y utensilios domésticos. Su corteza, desprendida en láminas, sirvió como material de techado y como combustible de emergencia en noches de helada.

En la cosmovisión andina, los bosques de queñoa son considerados lugares sagrados, habitados por espíritus y conectados con el ciclo del agua que sustenta la vida en el altiplano. La restauración de estos bosques es, para la comunidad de Ollagüe, tanto una acción ambiental como un acto de recuperación cultural: recuperar los árboles es recuperar parte de la identidad y la historia de un pueblo que ha coexistido con ellos durante milenios.

Desafíos Técnicos de la Reforestación a Gran Altitud

Plantar queñoas a más de 4.000 metros no es tarea sencilla. Las plántulas producidas en vivero deben ser gradualmente aclimatadas a las condiciones de alta radiación UV, baja disponibilidad de oxígeno y heladas nocturnas antes de ser transplantadas. La tasa de supervivencia de las plantas en los primeros dos años es el principal indicador de éxito del proyecto, y ha mejorado significativamente gracias a técnicas de preparación del suelo, protección individual de cada planta con pequeñas estructuras de piedra que retienen calor, y monitoreo regular por parte de los miembros de la comunidad.

Los resultados son alentadores: cientos de queñoas jóvenes se han establecido exitosamente en las laderas de los volcanes aledaños a Ollagüe, representando las primeras cohortes de un bosque que tardará décadas en desarrollarse plenamente, pero que ya está comenzando a cumplir sus funciones ecológicas. Este proyecto es un ejemplo inspirador de que la restauración ecológica a gran altitud es posible cuando la ciencia y el conocimiento tradicional se alían con la voluntad de comunidades comprometidas con su territorio.

Carolina Muñoz Vega

Carolina Muñoz Vega

Periodista ambiental y bióloga marina con más de 12 años de experiencia cubriendo temas de ecología, conservación y sustentabilidad en Chile. Especializada en biodiversidad costera, cambio climático y políticas ambientales. Colaboradora en medios especializados y conferencista en foros de medio ambiente en la Región del Biobío.